Carta de Guillermo “El Oso” para Iván Cepeda

 

hoyennoticia.com


Por Wilson Leon Blanchar.


Doctor Cepeda:

Le escribe Guillermo “El Oso”, acordeonero de por aquí de la provincia guajira, hombre de parranda larga, conversación sabrosa y observador silencioso de esas cosas de la política que, aunque parezcan lejanas, siempre terminan cayendo en la mesa de cualquier tienda de pueblo junto con el tinto y la totuma de chicha.


Le escribo con respeto y con franqueza, como hablamos en los pueblos donde todavía se cree que una palabra dicha a tiempo puede evitar muchos tropiezos.


Después de ver cómo quedó acomodado el Congreso en las elecciones recientes, uno entiende algo que en política es tan claro como en el vallenato: nadie tiene el acordeón completo; las notas están repartidas.


Y cuando las notas están repartidas, el que quiere dirigir la parranda tiene que saber armonizar, no imponer.


Por eso, si su aspiración es mirar hacia la Presidencia de la República, el camino no está únicamente en afirmar el respaldo de quienes ya lo acompañan, sino en ampliar el círculo de confianza nacional.


Usted tiene algo que no es común en la política: una imagen de coherencia y de defensa firme de principios. Esa es su raíz. Y una raíz así no se cambia ni se negocia.


Pero el país que decide elecciones presidenciales es más ancho que cualquier corriente política. En él caben los jóvenes universitarios, los trabajadores, los comerciantes, los campesinos, los profesionales, los que creen en reformas sociales y también los que temen que el país se vuelva inestable.


A todos ellos hay que hablarles.


Desde esta esquina del Caribe uno lo diría así: el país no está buscando más pelea, está buscando serenidad.


Si su voz logra transmitir que la justicia social puede convivir con la estabilidad económica y con el respeto institucional, entonces muchos sectores que hoy miran con distancia podrían empezar a escucharlo con interés.


El segundo consejo que me atrevo a darle tiene que ver con el territorio. Colombia no se gana solamente en los grandes debates televisados; se gana caminando regiones, escuchando preocupaciones locales y entendiendo que cada zona del país tiene su propia melodía.


El Caribe, el Valle del Cauca y las grandes ciudades concentran millones de votos que responden bien a los mensajes de inclusión y desarrollo regional.


Pero para conectar con esos electores hay que hablar un lenguaje sencillo: empleo, seguridad, oportunidades y futuro.


Y el tercer punto, que quizá es el más importante, tiene que ver con el tono.


Un candidato presidencial no puede sonar como jefe de una orilla política; tiene que sonar como voz de todo el país.


En los pueblos decimos que un buen acordeonero no es el que toca más duro, sino el que logra que todos los instrumentos encuentren su lugar en la misma melodía.


Si usted logra proyectar esa imagen de conciliador firme, entonces puede convertirse en una figura capaz de reunir voluntades distintas sin perder su identidad.


Se lo digo como costeño y como músico: las grandes parrandas no las gana el que grita más fuerte, sino el que sabe marcar el compás para que todos bailen.


Ojalá estas palabras, nacidas en la sencillez de la provincia, le sirvan como una pequeña reflexión en medio de los ruidos de la política nacional.


Con respeto y espíritu franco,

Guillermo “El Oso” Acordeonero y observador de la vida pública. En algún patio del Caribe donde todavía se conversa antes de pelear.

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