El asesinato de José Prudencio Padilla hace 198 años

 

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Autor: Emilio Acosta.


José Prudencio Padilla, uno de los líderes secesionistas de la armada republicana, fue ejecutado el 2 de octubre de 1828 en Bogotá, víctima de las tensiones políticas y raciales de la Gran Colombia. Su muerte, tras un juicio injusto, refleja el temor de la élite criolla a una «pardocracia» liderada por un pardo como él.


Padilla de joven, cruzó el atlántico y se formó en la marina real española. En 1805 luchó en Trafalgar, adquiriendo habilidades náuticas que luego usó en la independencia. Es descrito por el mercenario británico Hippisley como un hombre de aspecto imponente, aunque marcado por una herida que desfiguraba su rostro.


En marzo de 1828, tras un conflicto con Rafael Montilla en Cartagena, Padilla fue arrestado y trasladado a Bogotá, recluido en el cuartel del batallón Vargas. Durante la conspiración septembrina del 25 de septiembre contra Simón Bolívar, lo liberaron, asesinando a su carcelero. Aunque no participó, su liberación fue usada en su contra. Rafael Urdaneta sofocó la rebelión y lo envió de vuelta a prisión. Un juicio sumario, presidido por Urdaneta, lo acusó falsamente de conspirar.


Condenado a muerte, en la plaza de la Constitución, enfrentó su degradación. Al intentar quitarle sus condecoraciones, cita el historiador Rafael María Baralt, que exclamó:

«No me los dio Bolívar, sino la República».


Curiosamente en el Diario de Bucaramanga, Bolívar admitió haber favorecido a granadinos por motivos políticos:

«Padilla, Fortoul y Pey nunca hubieran sido nombrados por mí generales de división si no habían sido granadinos».


Fusilado, su cuerpo fue colgado en la horca como escarnio. Bolívar, lleno de remordimiento, confesó a Pedro Briceño el 16 de noviembre de 1828:


«Ya estoy arrepentido de la muerte de Piar, de Padilla y de los demás que han perecido por la misma causa».

Y continua señalando que:

«Lo que más me atormenta todavía es el justo clamor con que se quejarán los de la clase Piar y de Padilla».


La historiadora Aline Helg señala que el temor a un levantamiento popular, liderado por un pardo como Padilla, motivó su ejecución. Aunque su muerte no generó protestas masivas, evidenció las divisiones internas.


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