Al presidente Petro le fue mejor en la Casa Blanca de lo esperado
Por Martín Nicolás Barros Choles
Con mucha expectativas y un poco de tensión, rodeaba en el ambiente sobre la cita a un encuentro, cara a cara, entre los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump y el presidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, con la mediación diplomática y la participación de congresistas republicanos, que coordinaron direccionado a aclarar resolver diferencia, mediante diálogos, tendiente a afianzar acuerdos, sobre temas y asuntos específicos, de interés nacional y beneficios compartidos, manejado previamente por agentes diplomáticos, para ilustrar y precisar, sobre particularidad de los temas, objeto de la reunión presidencial, llevada a cabo el día 3 de febrero, 11 de la mañana en la Casa Blanca, sede de la presidencia de Estados Unidos.
Por tratarse de una reunión entre dos presidentes, que se manifiestan con comportamientos, fuera del lugar, agrestes, explosivos, autoritarios, sectarios y radicales; con tendencias ideológicas opuestas, que contrarían intereses, lo cual dificultan entendimientos, por criterios, impositivos algunos y renuencias de aceptación, de otra parte, ocasionando divergencias que dificultan, la materialización de resultados positivos, cerrándose los medios de logros, desaprovechando oportunidades propicia, en soluciones diferenciales, ahogadas por caprichos e intereses personales, olvidadose que representan una democracia, que no se debe ignorar, cuando se traten de asuntos nacionales, por diferentes y variados factores, que comprometan o pongan en peligro a las partes.
Había interés político e intenciones, de abortar y sabotear, la reunión programada por los dos mandatarios, en aquellos detractores de la oposición, con insinuaciones e intrigas, que perseguían generar rupturas, paraqué no se efectuaran diálogos previsto en la cita. Su deseo era el de que se mantuvieran confrontaciones y choques, de rifirrafe, para que el presidente Donald Trump, lo capturara antes de terminar el periodo de gobierno, en circunstancias similares a la ocurrida en Venezuela, con el presidente Nicolas Maduro.
Resaltaron desinformaciones, “memes” sarcasmos y una serie de arrebatos de personas desquiciadas y sin rumbo. Algunos individuos hacían alusiones de que el presidente Petro, no iba a regresar porque lo dejarían preso, en insinuación a una trampa, tendida por el presidente de EE. UU, para capturarlo en la sede de gobierno. Otros manifestaban que Trump lo humillaría y lo pondría contra la pared. Los analistas independientes no apasionados, opinan que el resultado del dialogo repercutiría en la elección presidencial que se avecina.
Al final todo resultó diferente a los que muchos presagiaban y deseaban. Prevaleció la cordura, el respeto y la cordialidad, destencionando las relaciones de comunicación y formalizando acuerdos, para ejecutarlo de manera conjunta, en operaciones militares, contra el narcotráfico, carteles, clanes y bandas criminales; declaradas como terrorista. También concretaron apoyos, en la transición en la Republica Bolivariana de Venezuela. El Secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció la legitimidad democrática, del presidente Gustavo Petro, sin descartar o ignorar las diferencias y confrontaciones, ideológicas verbales.
Algunos miembros de la oposición, informaban al gobierno de Trump, ilegitimidad del mandatario colombiano, por haberse extralimitado los topes legales de gasto en campaña política, cuando son los menos indicados a cuestionar sobregastos electorales, cuando ha sido una práctica rastrera aplicada por costumbre, por más de un siglo, para garantizar elecciones de presidentes, congresistas, gobernadores, alcaldes y demás, en oscuras elecciones, predominadas, por corrupción y carencia de transparencia.
Las críticas, insultos, recriminaciones, amenazas y desafíos; se transforman en civilización, sensatez y armonía; para entendimientos de intereses mutuos, compartiendo acuerdos previamente concebido, con finalidades objetiva, en procura de concretar y resolver soluciones. El presidente Donald Trump, tuvo un comportamiento excepcional, fuera del lunático que lo caracteriza. Se portó de manera amable, con manifestaciones agradables, frases graciosas, bromera y de buen humor, con detalles de regalo autografiado. Dijo que ama a Colombia, manifestando expresiones de bienestar, desde el inicio del encuentro, en cumplimiento de la cita, durante el termino de duración, arrojando resultados positivos, superando expectativas negativas, de quienes deseaban lo peor, como pusieron de presente los dos presidentes, en declaraciones de rueda de prensa, de manera separada por cada uno de los presidentes.
El balance de opiniones es congruente con aciertos y halagadoras relaciones, contraria a expectativas explosivas y chocantes, fluida de buenas intenciones, desencajando retoricas y confrontaciones, que desencantan a los habitantes de ambas naciones. Por el saneo de las constantes controversias, que conllevan agravamientos nocivos e impredecibles, se hace necesario prevenir y evitar, la intensificación de controversias, traducidas en odios, impulsando acciones violentas. Los diálogos y la buena fe, son factores propicios, para lograr magníficos resultados y generación de confianza. Dios quiera que se mantengan, los acuerdos consolidados, se conserven el aprecio y el respeto a las diferencias; por ultimo se materialicen acciones y operaciones, previstas en el acuerdo suscrito.
Los que se debe perder de vista, para el control del negocio narco tráfico, son la cúspide de los financiadores del terrible mal, plasmada en el consumo. Antes de perseguir a campesinos cultivadores, que viven de labores en campo que se ofrezcan en sus comunidades, por necesidades vitales y abandono de gobiernos, acceden, a las misma, para solventar la supervivencia en hogares familiares, por ausencias de otras oportunidades de trabajos o sustitución de cultivo.
Mientras persistan tolerancias de tráfico, comercio y altos consumos, de cocaína y marihuana, en EE. UU y Europa, la guerra contra las drogas seguirá perdidas, en una lucha desde hace medio siglo. De nada sirve perseguir a los carteles, que procesan, trafican y comercializan, la cocaína fuera del territorio americano, si se admite el uso y comercio interno, distribuido en ventas a consumidores, a la vez, sirve para financiar la producción en Colombia.
La solución para derrotar los carteles, clanes y mafias, es legalizar las citadas drogas, de manera similar como se legalizaron licores, tabaco y café, sobre los cuales se gravan impuestos al consumo. También podría erradicarse las referidas drogas narcóticas, si por lo menos el presidente Donald Trump logra convencer el 80% de los consumidores americanos paraqué desistan del vicio. De lo contrario sería intentar llenar un tanque con fondo roto, botando billones de pesos, masacrando vidas humanas, en una guerra estéril, fortaleciendo con la prohibición del negocio, a organizaciones armadas delincuenciales, que manejan el negocio, cuyos líderes no le temen a extradiciones, ni a la muerte.


No hay comentarios.:
SU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE