Pereré, los votos y la totuma de Macondo

 

hoyennoticia.com



Por: Wilson Rafael León Blanchar 


En Macondo las noticias no caminan: corren.


Y cuando corren, levantan más polvo que burro asustado en calle de verano.


Aquella tarde el calor estaba tan pegajoso que ni las iguanas se movían de las ramas. En La Canalla, el rincón donde se juega dominó y se arregla el mundo entre cerveza y carcajadas, estaban sentados Chago Pérez, William la Estrella, Kiko Toncel, Efraín el de la Lata, Samuel Escupe Lejos y Jopo de Chivo, cada uno con su cerveza sudando sobre la mesa.


El dominó sonaba como tambor de fiesta.


De pronto apareció Pereré, el camionero, con la cara atravesada y la camisa abierta como si hubiera peleado con el sol.


—¡Oigan esta vaina! —dijo, tirando el sombrero sobre la mesa—.


En Macondo están comprando votos.


El dominó se quedó suspendido en el aire.


—¿Comprando votos? —preguntó William la Estrella, levantando una ceja—.


¿Y eso se compra como quien compra panela o qué?


—Peor —respondió Pereré—.


Con billete, mercado, ron y hasta promesas de trabajo que después quedan más vacías que totuma en sequía.


Kiko Toncel soltó una carcajada.


—¡Ajá! Entonces hay gente vendiendo el futuro por una botella de whisky.


Más barato que pescado en Semana Santa.


Efraín el de la Lata, que hablaba mientras raspaba su lata con el cuchillo como afinando un instrumento, intervino:


—Mijo… el que vende el voto vende el derecho a quejarse después.


Eso es como vender la sombra del árbol y después llorar porque el sol quema.


Samuel Escupe Lejos escupió lejos —como siempre— y dijo:


—Lo que pasa es que aquí hay gente más tragada del billete corto que pantaloncillo de torero.


En ese momento llegó Canilla, flaco como vara de pescar.


—¿Y de cuánto es la tarifa del voto? —preguntó.


—Depende —respondió Pereré—.


Si el candidato está desesperado, el voto vale más.


Jopo de Chivo soltó una frase que dejó a todos pensativos:


—Entonces el problema no es el político…


el problema es el precio del pueblo.


La risa se volvió silencio.


En ese instante pasó Toño el Loco, arrastrando una llanta de carro con la que pensaba fabricar guaireñas. Miró al grupo y preguntó:


—¿Qué pasó aquí? ¿Se murió alguien?


—No —respondió Chago Pérez—.


Peor: se está muriendo la dignidad de Macondo.


Toño frunció el ceño.


—Ah… eso sí es grave.


En ese momento apareció el padre Oñate, que venía caminando desde la iglesia con el sombrero en la mano.


—¿De qué hablan ustedes con tanta seriedad?


Pereré le explicó el asunto.


El padre Oñate suspiró y dijo con voz tranquila:


—El voto no es un billete

es la llave del futuro.

Luego agregó:


—El que vende el voto por una bolsa de mercado está hipotecando el mañana de sus hijos… y el de sus nietos.


William la Estrella se acomodó el sombrero.


—Padre… entonces estamos fregados, porque aquí hay gente que vende el voto más rápido que hielo en fiesta patronal.


Todos rieron, pero la risa tenía algo de vergüenza.


Pereré levantó la botella y dijo:


—Oigan bien esto, compadres…


Hizo una pausa y remató:


—En Macondo el voto no se vende, porque el futuro de la familia no se empeña como hamaca vieja.


Efraín el de la Lata golpeó su instrumento improvisado.


¡TIN!

—Así mismo es —dijo—.


Porque el que vende el voto hoy…


miró a todos y concluyó:


—mañana no tiene derecho a decir:


“este gobierno salió malo”.


Y el dominó volvió a sonar sobre la mesa de La Canalla, donde en Macondo se juega, se discute… y a veces también se aprende que la dignidad vale más que cualquier billete electoral.

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