Enfrenta ola de calor sin consumir más energía
Luz, ventanas, aislantes y horarios.
En Valledupar, Agustín Codazzi, La Paz, Riohacha o Uribia, el calor no es una noticia: es parte del paisaje. Pero en los últimos años las temperaturas han subido y los episodios de bochorno intenso se sienten más largos, especialmente cuando el fenómeno de El Niño aprieta y la brisa parece detenerse. Mientras hablamos de grandes decisiones sobre el sistema eléctrico y parques eólicos en La Guajira, hay una pregunta más inmediata para miles de familias: ¿qué puedo hacer en mi casa, con lo que tengo, para que no se convierta en un horno?
La idea es pensar la casa como un organismo que respira: controlar la luz que entra, el aire que circula, las superficies que se calientan y la forma en que el cuerpo enfrenta ese ambiente.
Luz, ventanas, aislantes y horarios
Uno de los factores que más calienta las viviendas es la entrada directa de sol por ventanas y puertas. En muchas casas se recurre a abrir “todo” desde temprano, pero cuando el sol se planta de frente sobre una fachada, esa apertura puede aumentar el calor interior. Por eso, en las horas de mayor radiación —entre las diez de la mañana y las tres de la tarde— es recomendable mantener cerradas las ventanas que reciben sol directo, con cortinas, persianas o incluso telas improvisadas a modo de toldo.
Además de cerrar, se pueden sumar aislantes de calor muy básicos que se pueden fabricar en casa o adquirir en plataformas como Mercado Libre, Temu, Shein u Homecenter al buscar “aislante térmico para ventanas”. Una opción accesible es colocar detrás de la cortina una lámina de cartón grueso o de espuma (icopor, poliuretano simple) forrada con papel aluminio o pintura clara: actúa como barrera entre el vidrio y el interior, reflejando parte del calor.
Otra solución casera consiste en pegar temporalmente en el marco de la ventana materiales reflectantes (papel aluminio, lámina blanca, incluso cartón pintado de blanco) en el lado que recibe más sol. En casas con vidrios simples, usar cortinas térmicas o telas gruesas en el lado más caliente y telas ligeras en el resto ayuda a que el calor se quede en la capa más externa, no en la habitación.
Esa “oscuridad” parcial y el uso de pequeños aislantes térmicos baja hasta 6° la temperatura interna porque reducen el efecto invernadero dentro de la vivienda. La ventilación, en cambio, puede concentrarse en dos momentos clave: la madrugada y el final de la tarde, cuando el aire exterior es más fresco. Abrir puertas y ventanas en esos momentos, especialmente en paredes opuestas, favorece corrientes de aire que expulsan el calor acumulado y permiten que la casa “respire” antes de volver a protegerse del sol. Si una pared da justo al poniente y recibe sol de frente, conviene que esa ventana sea la mejor protegida con cortinas y aislantes, y usar otras aberturas para ventilar.
Sombras, patios y vegetación
El patio, muy presente en la arquitectura popular del Cesar y La Guajira, puede ser un aliado importante contra el calor. Generar sombra sobre las zonas donde el sol entra más fuerte —el acceso principal, el patio, una pared muy expuesta— con techos ligeros de lámina, caña, lona o plástico resistente es una solución relativamente económica que reduce la radiación directa sobre el interior.


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