¿Jugar a ser alcalde? Riohacha merece mucho más
Cada vez que se acerca una contienda electoral ocurre el mismo fenómeno: aparecen decenas de aspirantes con discursos esperanzadores, promesas de cambio y la bandera de querer transformar a Riohacha. Hasta ahí, todo parece parte del ejercicio democrático.
Sin embargo, la experiencia nos ha enseñado que no siempre todas las candidaturas nacen con la verdadera intención de gobernar.
Muchos terminan convirtiendo sus aspiraciones en simples fichas de negociación. Se lanzan, recorren los barrios, buscan líderes, convencen ciudadanos para que los respalden y hablan de compromiso con la ciudad. Pero cuando las encuestas o el panorama político muestran quién tiene mayores posibilidades de ganar, desaparecen las convicciones y aparecen las alianzas estratégicas.
Entonces renuncian a sus aspiraciones. No porque crean que es lo mejor para Riohacha, sino porque encuentran una mejor oportunidad para negociar espacios de poder, contratos o cargos para ellos y su círculo cercano.
Y mientras unos negocian, quienes realmente pierden son los ciudadanos que depositaron su confianza en un proyecto político que nunca tuvo la intención de llegar hasta el final.
La política no puede seguir siendo un negocio de conveniencias personales. No puede convertirse en un mercado donde las candidaturas se usan como moneda de cambio para asegurar beneficios particulares.
Riohacha necesita dirigentes que aspiren a gobernar por vocación de servicio, no por cálculo político. Personas que entiendan que una candidatura representa un compromiso con la ciudadanía y no una estrategia para terminar acomodados en la administración de turno.
Nuestra ciudad enfrenta enormes desafíos: desempleo, pobreza, problemas en los servicios públicos, inseguridad, falta de oportunidades para los jóvenes y un evidente atraso en muchos sectores. Frente a esa realidad, lo último que necesitamos es que algunos jueguen a ser candidatos mientras esperan el mejor momento para negociar.
La política debe recuperar la seriedad. Quien aspire a la Alcaldía debe hacerlo porque tiene un proyecto y visión de ciudad, porque está dispuesto a defender sus ideas hasta el final y porque entiende que el respaldo de la gente no es una ficha de intercambio.
Los riohacheros merecen respeto. Merecen transparencia. Merecen candidatos que no utilicen la esperanza de la comunidad para abrirse camino hacia beneficios personales.
Las elecciones no son un juego. La Alcaldía de Riohacha no es un premio de consolación ni una mesa de negociación.
Es hora de que la ciudadanía aprenda a distinguir entre quienes buscan servir y quienes simplemente buscan servirse de la política.


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