¿DE QUIÉN NOS ENAMORAMOS? — PARTE 2
Por Wilson Rafael León Blanchar
Cuando una relación termina, muchas veces llegamos a una conclusión aparentemente sencilla:
“No era la persona correcta.”
Y entonces buscamos otra.
Aparece alguien nuevo, vuelve la emoción, la ilusión, la curiosidad… y nuevamente comenzamos a imaginar.
La nueva persona todavía no tiene nuestras discusiones, nuestras rutinas ni nuestras decepciones acumuladas. La conocemos desde la expectativa, mientras que a la anterior la recordamos desde toda la historia compartida.
Y podemos confundir fácilmente lo nuevo con lo mejor.
Así puede comenzar un ciclo:
Necesidad → idealización → enamoramiento → descubrimiento → desencanto → ruptura → nueva búsqueda.
Por supuesto, tener varias parejas no significa necesariamente estar atrapado en ese ciclo. Hay separaciones necesarias, incompatibilidades reales y relaciones que sencillamente llegan a su final.
La pregunta aparece cuando el patrón se repite una y otra vez.
Quizás entonces no se trate solamente de encontrar a alguien diferente.
Quizás también haya que preguntarse:
¿Qué estoy buscando en otra persona?
¿Qué espero que llene?
¿Qué necesito recibir?
¿Y qué parte de todo eso me corresponde construir a mí?
Porque enamorarse puede ser encontrar en otro aquello que creemos necesitar.
Pero amar de verdad quizá sea algo más difícil:
conocer lo que realmente tenemos delante cuando termina la fantasía y, aun así, decidir si vale la pena quedarse.
Y cuando existen hijos, recuerdos, una casa, una historia y una vida construida en común, la pregunta deja de ser simplemente “¿me quedo o me voy?”
Se convierte en otra mucho más profunda:
“Ahora que finalmente te veo como eres, ¿puedo amarte sin pedirte que seas quien imaginé?”

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