Movilidad, civilidad y moralidad
Por Martín Nicolás Barros Choles.
Tres formas,
medios y fuentes de aprendizajes, que no
deberían ignorar, ni dejar a un lado, la enseñanza de catedra alusiva a los
citados temas, que de muchos nos sirven para conocer: nociones, reglas y prácticas, de comportamientos, técnicos y de rutinas, relacionada con estudios y labores, concatenada con hábitos sociales, que muchas veces
exceden a la tolerancia y buenas costumbre, en relaciones, interpersonales y de
masas, tendientes a educar sin tapujo, para efecto de prevenir hechos,
cuestionables y alteraciones sociales, que encienda violencia, por actitudes
intolerables, terminada en desgracias, cuando pueden evitarse con:
reflexiones, consejos, entendimientos y compresiones, en forma civilizada, desactivando tormentas y neutralizando
malestares.
La
civilidad es la cualidad de comportamiento personal, relativo a: respeto,
cortesia y cumplimiento, de normas básicas sobre convivencias, en busca de
facilitar armonía colectiva de manera amable y cordial, respetando: personas,
instituciones, autoridades publica, espacios y bienes compartidos. Igualmente
compartir practicas de urbanidad, civismo y sociabilidad ejemplar; como
saludar, ceder el paso, respetar las señales en tránsito, mantener tono
moderado y no arrojar basura en las calles y lugares público. La civilidad es
compatible con la empatía, modales, cortesia e interacción personal, en
consideración a la forma de tratarnos, con dignidad. También supone
colaboración y participación solidaria, en el apoyo de las necesidades y a
favor del bienestar social.
La
civilidad no nace con las personas, se forma culturalmente, con costumbres educción
y tradición; que se originan en los hogares, en primer lugar y en segundo lugar,
en establecimientos educativo, con orientaciones básicas, profundizando
conocimientos, sustanciales y prácticos, para una buena formación humana, en
persona jóvenes, sobre variedades de temas y asuntos. Aprender modales
domésticos de urbanidad, como lo de comportarse en una mesa para el consumo de
alimentos, en planteles educativos, recreativos y lugares público; donde acudan
o visiten. También constituye civilidad el mecanismo de asociación, organización
y unión; para apoyo y coperaciones mutuas, relacionadas con actividades y
servicios, de emprendimiento, impulsos de desarrollos urbanísticos, defensas
colectivas de derechos e intereses, relacionados con bienes públicos.
La
movilidad es la forma o acción de moverse, personas, animales y vehículos. Las
personas inician la movilidad, a partir de gateos y los primeros pasos, para
soltarse a caminar, muchas veces antes de cumplir el primer año de vida. Fortalecen
las extremidades, para impulsar carreras y juego infantil. La movilidad
dinamiza y articula, de manera estimativas, las operaciones humanas y mecánicas,
con desplazamientos personales, traslados de bienes, labores de grupos y masas;
en los ejercicios común, de actividades y servicios. La movilidad es un factor
inherente con la vida natural, humana y animal, concatenada y conectada, con la
rotación diaria de impulso, cada 24 hora, en 365 día de un año.
La
movilización está regulada por normas legales, complementadas con señales de
tránsito, que se clasifican en: reglamentarias, preventivas, informativas y
transitoria, las cuales se distinguen por colores: rojos, amarillos, azules y
Salmon, de forma geométrica redonda o circulo y octágono, con bordes rojos
fondos blanco. Otras, las preventivas tienen fondo amarillo, con símbolo y
letras negra.
También
constituye señal de tránsito, los semáforos aéreos, con tres colores de luces,
símbolo y algunas flechas. Igualmente se fijan avisos indicativos reflectivo en
el suelo. La regulación compromete las distintas
modalidades de transportes de tracción animal y mecánica, que transitan por las
vías publicas y privadas abiertas al público. Los vehículos de transportes se
clasifican en: terrestres, férreo, aéreo, marítimo, fluvial. Los de tracción animal, son objeto de
erradicación por el maltrato de sus poseedores o dueños con el mal uso de
animales doméstico. Gradualmente han sido sustituido por vehículo mecánico. Es
importante aprender a conocer, distinguir, relacionar y diferenciar; las
distintas señales de tránsito, las cuales debemos respetarla, porque ellas
orientan el tránsito en las vías, reglamenta la circulación, estacionamientos y
nos previenen de los peligros.
La
moralidad tiene su origen en la cultura: religiosa, filosófica, político y de
costumbres; dependiendo de tradiciones territoriales, amalgada con criterio,
concepto, opinión y adoctrinamiento; relacionada con valores, respeto mutuos,
responsabilidad, honestidad, buena fe y razonamiento; que deben prevalecer y
conservar, en una sociedad compartidas, que permite entender y diferenciar,
acciones positivas, de negativas, en relaciones personales, individuales y
colectivas, direccionadas y orientada, mediante sistema educativo, implementación
de conductas sanas e inofensivas, que no causen daños y perjuicio, a los demás
seres personales. En la moralidad se distingue y diferencia, lo bueno de lo
malo, valorando la dignidad y buena conduta.
La ética se
ocupa de la conducta humana, a diferencia de la moral, en cuanto a fundamentación,
de principios y deberes, relativo a reflexiones y critica racional, de lo que
se considera correcto e incorrecto, conforme al consecuencialismo de virtudes,
frente a comportamiento y acatamientos, de disposiciones normativas que reglamentan procedimientos de operaciones
y prohibiciones, de manera particularizada, diferenciando origen, función y
nivel de aplicación, en diferentes campos: profesional, empresarial, comercial,
ambiental, militar, deportiva, estudiantil etc.
El peor enemigo de la ética es la corrupción, seguida, de la codicia, avaricia, engaños, estafas y las especulaciones; entre otros. Donde más porífera la corrupción es en las autoridades publica, con mínima excepción. Los elegidos mandatario, no llegan a gobernar, si no apropiar en robos, de partidas presupuestales, durante cuatro años, para terminar el periodo enriquecido. Quienes deben: investigar, controlar y sancionar, con castigos; se transforman en encubridores y cómplices, beneficiándose, de los hechos ilícitos que investigan. De ahí que vivamos algarete y abismo, en una nación prostituida, en delincuencia, polarizada e insegura, por falta de éticas, en operaciones administrativas, judicial, disciplinaria y penal. Por carencias de controles de autoridades competente, estamos expuesto, a acciones delictiva, cuyos actores cazan oportunidades, para explotarla, tanto en lo público, com0 en lo privado.


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