“EL 16 DE ABRIL FUE REALMENTE UN DÍA DISTINTOEN RIOHACHA”
![]() |
Por Rubens Alexander Magdaniel Pavon
se siente nostálgico(a) en Riohacha, Guajira, Colombia.
Un día de disímiles contrastes, se sincronizan un rosario de sucesos hoy, como de costumbre llevé a mis perros a “como diría un Cachaco”, a hacer del cuerpo, me topé con unos de esos días similares a los de la pandemia, sin el impetuoso ronronear de los carros, sin la polución de motos en contravia, sin la necesidad de preguntar a mis colaboradores de Aurora si había lomo fino o harina de trigo, sin la tradicional llamada mañanera de Mavis Granadillo para hacer radio en el ventilador.
La ciudad enmudeció, adoptamos ese ensordecedor silencio que consuetudinariamente replicamos ante los hechos adversos que rubrican la historia de la tierra de Padilla, una resignación tan habitual como ver el cauce de las aguas verdes del barrio arriba, la misma aceptación cuando nos imponen políticos que no conocen la O por lo redondo, es curioso, nos caracteriza esa rara vocación ancestral de aceptar lo que nos hace daño.
En el núcleo de este inusual día, de manera fortuita por demás “macondiana” adolecimos de alcalde en propiedad, situación que en definitiva aceptamos con tranquilidad y resignación, como muchos hechos que nos corresponde asimilar, la atmósfera en el pueblo resultó inmoderadamente densa, sin duda era más prudente y conducente relacionar este día como uno más de el traumático COVID y así lo hice.
Para no perder la dinámica diaria, decidí merodear un barrio que me suscita una inusitada atracción “Villa Fátima” no sé si por su génesis indígena, por su condición de olvido o por esa vocación peculiar que tiene sustentada en la pesca y la artesanal construcción de cayucos, pero siempre me ha proyectado el ideal de ser un pueblo aparte, una tierra con identidad.
Fue precisamente ahí que encontré un entorno dotado del sosiego que necesitaba, en el inquieto mar, en sus árboles de trupillo y Dividivi, en sus calles destapadas que sin proponérselo me condujeron a la pequeña iglesia donde encontré al sacerdote, tres sacristanes, dos perritos que fielmente esperaban a sus dueños hasta finalizar la eucaristía, ocho feligreses, entre ellos, una madre Wayuu que abrazaba con desbordado amor y entrega a su hijo, cuadro del cual quise dejar constancia con esta hermosa fotografía.
En silencio oré por Riohacha, pedí por nuestra tranquilidad, clamé al señor por nuestras familias y por la de quienes se encuentran en conflictos, pedí paz y vida por la juventud.
¡El 16 de abril fue realmente un día distinto!



No hay comentarios.:
SU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE