Una escena de Chuvy
Por: Wilson Rafael León Blanchar
Hoy se fue 'Chuvy'… Rosa Elvira Ceballos Sierra.
Y no voy a contar una historia ajena. La voy a contar como fue: conmigo adentro, sudando, aguantando, tragándome la risa y la vergüenza en una buseta de Riohacha.
Ese día, con el sol rajando la tierra, Chuvy me encendió en público, sin anestesia:
“¡Eres un desgraciado, Wilson! Me preñaste, me abandonaste y ahora ni siquiera me das la leche para el niño!”
Y yo, vestido con mi camisa roja ya cansada de batallas y una cachucha blanca que no escondía nada, hice lo único que un hombre en aprietos sabe hacer… hacerme el dormido.
Pero Chuvy no era mujer de silencios.
“¡Estoy hablando contigo, el de la camisa roja y la cachucha blanca que parece un nido de pájaros muertos!”
La buseta frenó en seco… y yo, como si el destino también quisiera participar, fui a parar al suelo con todo y jugo de corozo, regándolo como quien riega su propia dignidad.
Y entonces remató… como solo ella sabía hacerlo:
“Mira que hasta el jugo te abandona.”
Ese día yo quería que la tierra me tragara.
Hoy daría lo que fuera porque la buseta se detuviera otra vez… y escucharla una vez más.
Porque así era Chuvy: sin filtros, sin miedo, con una vida entera en la lengua y el corazón en la boca.
Hoy no me queda la pena… me queda el privilegio de haber sido parte de una de sus escenas inolvidables.
Descansa en paz, Chuvy.
Allá donde estés, ojalá haya una buseta… y alguien a quien poner en aprietos con tu verdad.
No te olvido.


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