El Nequi de Salvador y el Negro
Anécdota de realismo mágico.
![]() |
En el parque del barrio Entre Ríos, en Riohacha, Salvador el Maracucho pasaba todas las mañanas empujando su carretilla llena de yuca, aguacates, guineos, cebolla y cebollín.
La bocina anunciaba:
—¡Llegó la yuca!... ¡Llegó el aguacate!... ¡Y si no tiene efectivo, le recibo Nequi!
La gente le compraba bastante.
Aquello tenía inquieto al Negro, otro vendedor de frutas y verduras que recorría las mismas calles con su carretilla.
Una mañana se acercó a Monche y a Migue.
—Ese maracucho tiene un secreto.
—¿Cuál? —preguntó Monche.
—El Nequi.
Migue soltó una carcajada.
—Compadre, el secreto no es el Nequi; es que vende bueno.
Pero el Negro no escuchó.
Al día siguiente apareció con una bocina nueva.
Infló el pecho y empezó a gritar:
—¡Aguacates!... ¡Guineos maduros!... ¡Y se recibe Nequi!
La noticia corrió por todo Entre Ríos.
Al poco rato una señora sacó el celular.
—¿Cuál es su número para transferirle?
El Negro quedó mudo.
—Ajá... después se lo doy.
—¿Y dónde está el teléfono?
—Bueno... la verdad es que todavía no tengo.
La señora abrió los ojos.
—¿Y entonces cómo recibe Nequi?
Monche y Migue, que estaban cerca, soltaron una risotada tan grande que espantaron las palomas del parque.
Dicen que hasta los aguacates de la carretilla comenzaron a rodar de la risa y que una cebolla dejó escapar una lágrima.
Desde entonces, cuando alguien en Entre Ríos promete más de lo que tiene, siempre aparece alguno diciendo:
—No seas como el Negro... que recibía Nequi sin teléfono.




No hay comentarios.:
SU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE