¿Y SI EL TERREMOTO FUERA EN RIOHACHA? ...La pregunta que no podemos seguir aplazando
Por July Gómez
Periodista.
Colombia acaba de recibir un recordatorio brutal de algo que solemos olvidar cuando el suelo permanece quieto: los desastres no avisan y la prevención no puede comenzar cuando ya estamos contando víctimas.
El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió al país nos obliga a mirar hacia nuestras propias ciudades, nuestros barrios, nuestros hospitales, nuestras edificaciones y, sobre todo, hacia nuestra capacidad institucional para responder cuando la emergencia supera lo cotidiano.
Y desde Riohacha hay una pregunta que considero inevitable:
¿Estamos realmente preparados para enfrentar un terremoto de gran magnitud en La Guajira?
No se trata de sembrar miedo. Se trata de exigir preparación.
Porque una cosa es tener documentos, comités, protocolos y planes sobre el papel; y otra muy distinta es tener personal capacitado, equipos disponibles, vehículos operativos, comunicaciones funcionando, hospitales preparados, rutas de evacuación definidas, sitios de albergue identificados y capacidad real de rescate.
La propia Estrategia Distrital para la Respuesta a Emergencias de Riohacha contempla protocolos para búsqueda y rescate de personas atrapadas, incluso en estructuras colapsadas, y establece la participación de organismos como Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, Policía, Ejército, Armada y DIMAR.
Entonces llegó el momento de pasar del documento a las respuestas.
¿Está Riohacha preparada hoy para un terremoto de gran magnitud?
¿Tenemos suficientes equipos de búsqueda y rescate para atender simultáneamente varios puntos de la ciudad?
¿Nuestros Bomberos cuentan con los vehículos, herramientas y equipos especializados necesarios para atender estructuras colapsadas?
¿Existe disponibilidad permanente de esos equipos o algunos dependen de convenios, alquileres, préstamos o apoyo de otras ciudades?
¿Tenemos suficientes bomberos y rescatistas capacitados para una emergencia de grandes proporciones?
¿La Defensa Civil y la Cruz Roja cuentan con capacidad operativa suficiente para responder simultáneamente en diferentes sectores?
¿Quién asumiría el comando de la emergencia?
¿Dónde estaría instalado el puesto de mando?
¿Quién coordinaría ambulancias, hospitales, Policía, Ejército, Armada, Bomberos y organismos de socorro?
Y hay otra pregunta todavía más importante:
¿Cuánto tardaría realmente la primera ayuda en llegar a una persona atrapada bajo los escombros?
No podemos conformarnos con saber que existen organismos de socorro. Necesitamos saber con qué cuentan, dónde están, cuánto personal tienen disponible y qué capacidad real poseen para responder.
También debemos hablar de nuestros hospitales.
Si un terremoto provocara cientos de heridos, ¿cuántas camas adicionales podrían habilitarse?
¿Existe un plan de expansión de capacidad hospitalaria?
¿Hay suficientes ambulancias?
¿Tenemos reservas de medicamentos, sangre, agua potable y elementos quirúrgicos para una emergencia masiva?
¿Dónde serían atendidas las personas que no puedan ingresar a los hospitales?
Y mientras hacemos estas preguntas, también debemos mirarnos como ciudadanos.
Porque en una emergencia no todo puede depender del Estado.
Cada familia debería saber dónde encontrarse, cómo cerrar los servicios públicos si es necesario, qué elementos tener en un kit de emergencia y cuál es la ruta más segura para salir de su vivienda.
Las autoridades nacionales recomiendan identificar lugares seguros, mantener despejadas las rutas de evacuación, establecer puntos de encuentro familiares y participar en simulacros. (Repositorio de Gestión del Riesgo)
Pero aquí aparece otro interrogante:
¿Cuándo fue el último gran simulacro de terremoto realizado en Riohacha que haya puesto a prueba de verdad nuestra capacidad institucional?
No un acto simbólico.
No una fotografía.
No una reunión.
Un ejercicio real.
Que se active una alarma.
Que salgan ambulancias.
Que se desplieguen Bomberos y Defensa Civil.
Que se establezca un puesto de mando.
Que se simule el colapso de una estructura.
Que se evalúe cuánto tardamos.
Que sepamos qué funcionó y qué falló.
Porque los simulacros no son para demostrar que todo está perfecto.
Son precisamente para descubrir lo que todavía está mal.
Y hay un asunto que tampoco podemos ignorar: Riohacha es una ciudad costera.
Una emergencia sísmica también obliga a pensar en escenarios asociados al mar y a la posibilidad de alteraciones en el comportamiento del océano. La gestión del riesgo contempla recomendaciones específicas para escenarios de maremoto, entre ellas alejarse de las zonas costeras bajas y dirigirse a lugares seguros y elevados cuando exista una alerta oficial. (Gestión del Riesgo)
Por eso necesitamos que la ciudadanía sepa algo tan básico como fundamental:
¿A dónde debemos ir si ocurre una emergencia?
¿Dónde están los puntos de encuentro?
¿Dónde se instalarían los albergues?
¿Cuáles serían las rutas de evacuación?
¿Dónde acudirían las personas que pierdan sus viviendas?
¿Dónde se recibirían las ayudas humanitarias?
¿Quién suministraría agua y alimentos?
¿Quién registraría a las familias damnificadas?
¿Y cómo se garantizaría que la ayuda llegue realmente a quienes la necesitan?
Estas no son preguntas de oposición política.
Tampoco son preguntas para generar pánico.
Son preguntas de ciudadanía.
Y hacerlas antes de una tragedia es mucho más responsable que hacerlas después.
La Alcaldía de Riohacha ha demostrado que puede activar espacios de coordinación institucional ante emergencias. En junio de este año, por ejemplo, informó la activación extraordinaria y permanente del Comité de Gestión del Riesgo tras una emergencia ocasionada por fuertes lluvias. (Riohacha La Guajira)
Precisamente por eso debemos aprovechar esa capacidad institucional para prepararnos también frente al riesgo sísmico.
No podemos esperar a que ocurra una tragedia para descubrir que faltaban equipos.
No podemos descubrir después de un terremoto que no conocíamos las rutas de evacuación.
No podemos buscar ambulancias cuando ya haya cientos de heridos.
No podemos preguntarnos después quién tenía la responsabilidad.
La emergencia se atiende cuando ocurre.
La preparación se construye antes.
Y hoy tenemos una oportunidad.
La oportunidad de revisar contratos.
La oportunidad de revisar inventarios.
La oportunidad de verificar equipos.
La oportunidad de conocer cuántos bomberos tenemos.
La oportunidad de saber cuántas ambulancias están operativas.
La oportunidad de verificar hospitales.
La oportunidad de actualizar protocolos.
La oportunidad de hacer simulacros.
La oportunidad de enseñarles a nuestros niños, adultos mayores y comunidades cómo actuar.
Y, sobre todo, la oportunidad de dejar de entender la gestión del riesgo como un asunto exclusivo de funcionarios y organismos de socorro.
La gestión del riesgo también es política pública, presupuesto, planeación, infraestructura, educación y cultura ciudadana.
Por eso, después de ver lo que acaba de vivir Colombia, desde Riohacha debemos hacer una pausa y preguntar:
¿Estamos preparados?
Y si la respuesta es sí, queremos conocer las pruebas.
¿Cuáles equipos existen?
¿Dónde están?
¿Cuántos funcionan?
¿Cuánto personal está disponible?
¿Cuáles son nuestros tiempos de respuesta?
¿Cuáles son nuestros puntos de evacuación?
¿Cuáles son nuestros albergues?
¿Cuál es nuestro plan para hospitales?
¿Cuál es nuestro protocolo de comunicaciones?
¿Quién coordina?
¿Quién responde?
Porque prepararse para un terremoto no significa esperar que ocurra.
Significa trabajar para que, si algún día ocurre, no nos encuentre improvisando.
Riohacha no necesita alarmismo.
Riohacha necesita información, prevención, preparación y respuestas.
Porque cuando la tierra tiembla, no pregunta por partidos políticos, estratos sociales ni apellidos.
Tiembla para todos.
Y frente a eso, la única respuesta verdaderamente responsable es estar preparados para proteger la vida.
July Gómez
Periodista


No hay comentarios.:
SU OPINIÓN ES MUY IMPORTANTE