Encuestas, realidad electoral y el verdadero tablero presidencial de Colombia - febrero 2026


hoyennoticia.com





Por: Wilson Rafael León Blanchar 


Las encuestas presidenciales publicadas durante el mes de febrero en Colombia han abierto un debate intenso en la opinión pública. Más allá de simpatías o rechazos personales, un análisis ponderado y técnico de los estudios más reconocidos —entre ellos Invamer, Guarumo y otras mediciones comparativas— permite observar tendencias que merecen ser comprendidas con serenidad y responsabilidad democrática.



Cuando se agregan los resultados mediante metodologías utilizadas internacionalmente, como la ponderación por confiabilidad histórica, la corrección de sesgos propios de cada encuestadora y la actualización probabilística de tendencias, aparece un panorama claro: existe hoy un liderazgo consolidado en intención de voto, pero aún no una elección definida.



El promedio ponderado de las mediciones ubica a un candidato con una intención cercana al 38-40 %, seguido por un segundo aspirante alrededor del 21-23 %, mientras el llamado centro político permanece fragmentado entre varias figuras que individualmente no superan todavía la barrera suficiente para disputar el liderazgo en primera vuelta.



Este fenómeno no es nuevo en la política colombiana. La historia reciente demuestra que cuando un sector ideológico llega cohesionado y sus adversarios aparecen divididos, el primero obtiene ventajas significativas en la etapa inicial del proceso electoral.


Sin embargo, la verdadera pregunta no es quién lidera hoy, sino quién puede ganar mañana.


Las simulaciones electorales basadas en transferencia de voto —es decir, hacia dónde migran los apoyos cuando algunos candidatos quedan fuera de competencia— muestran que la segunda vuelta presidencial continúa siendo un territorio abierto. En escenarios de polarización directa, el líder actual mantiene ventaja moderada; pero frente a opciones de centro capaces de reunir electores urbanos, empresariales y moderados, la contienda se convierte en un empate técnico.


Esto significa algo fundamental: Colombia aún no ha tomado una decisión definitiva.


Otro elemento determinante es el comportamiento regional. El Caribe, Bogotá, Antioquia y el Valle del Cauca siguen siendo los grandes árbitros electorales. La participación ciudadana, especialmente en zonas rurales y sectores jóvenes urbanos, puede modificar varios puntos porcentuales en cuestión de semanas.


También influyen factores silenciosos que las encuestas tradicionales apenas logran captar: el llamado voto oculto, la movilización de iglesias y organizaciones sociales, la percepción económica y el cansancio frente a la polarización política.


Por ello, más que hablar de una elección resuelta, los datos indican una elección condicionada.


Si el centro político logra consolidar una candidatura única, el equilibrio cambia radicalmente. Si, por el contrario, continúa dividido, el liderazgo actual mantiene una ventaja estructural importante hacia la segunda vuelta.


En democracia, las encuestas no son profecías; son fotografías del momento. Y como toda fotografía, pueden cambiar cuando cambia la luz.


Colombia entra así en una etapa decisiva donde los debates, las alianzas y las consultas políticas tendrán más peso que cualquier titular apresurado.


La ciudadanía observa, compara y espera.

Porque al final, más allá de cifras y estrategias, el voto colombiano sigue siendo profundamente independiente… y suele decidirse cuando menos lo esperan los expertos.

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